La mirada felina. Sōseki Natsume.

Yo soy un gato (『吾輩は猫である』, Wagahai wa neko de aru) es el título de una de las más famosas novelas de Sōseki Natsume. También son las primeras palabras que nos dice su personaje-narrador: “Yo soy un gato. Todavía no me han puesto nombre. No tengo le menor idea del lugar en que nací”.

La trama de esta obra maestra está compuesta por una variada cantidad de historias. Algunas de éstas se establecen entre gatos: entre el personaje-narrador y el salvaje gato Kuro, o entre el primero y la bella gata de al lado, Mikeko. Otras se generan entre personajes humanos: entre el mismísimo gato y su amo y profesor Kushami, entre este último y su amigo Meitei o entre el joven estudiante Kangetsu y su pretendida Kaneda. A través de los diálogos de estos personajes, Yo soy un gato es también un despligue de erudición literaria y de otras disciplinas como la política, el deporte, la economía y la gastronomía. De entre las innumerables referencias asiáticas pueden destacarse Tadamichi Fujiwara, Bakin Takizawa, Sanae Takada, e incluso un Sōseki ficticio originario de China. De Occidente se menciona y se cita a Aristófanes, a William Makepeace Thackeray, a Charles Dickens y a Laurence Sterne.

En tanto gato, el narrador es capaz de ver y describir aguda y sarcásticamente a esos personajes humanos: su carácter caprichoso, egoísta e interesado, tratando y analizando conceptos tan abarcativos y variados como el arte, la historia, la justicia, el dinero y la conciencia. Es en esta dirección que Ōe Kenzaburō afirmó que “los personajes de Sōseki nos ofrecen una nueva definición de los que es el Humanismo”. Pero también es capaz de ver y describir una sociedad muy particular y concreta: la de la era Meiji (1868-1912), período de mayor importancia en la historia japonesa tras el advenimiento masivo de la cultura occidental. Ve y describe personajes de clase media y media-alta, que discuten sobre arte y política, sobre una tradición que está cambiando y hasta sobre las consecuencias de clase que esto provocará en Japón. En esta línea, me arriesgo a complementar a Ōe diciendo que ‘la novela de Sōseki redefine el tipo de personajes que habrá de presentar la literatura japonesa del siglo XX’.

El primer capítulo de la novela fue publicado para la revista Hototogisu en 1905, pero luego de su rotundo éxito, el editor convenció a Sōseki de serializarlo. Es por esto que en el segundo capítulo (es decir, en la segunda publicación) las primeras palabras del narrador son: “Con la llegada del nuevo año, adquirí cierta fama. Aunque gato, me sentí por ello un poco orgulloso”. Esta frase marca el inicio de un desarrollo en el personaje a lo largo de los nueve restantes: se asimilará con los seres humanos, preferirá estar adentro que fuera de la casa, engordará, probará el alcohol, mirará el mundo de la modernidad con otros y se irá confundiendo cada vez más, en definitva, con esos mismos seres de la sociedad japonesa. “A medida que los hombres me iban tomando en consideración, me olvidaba de mi condición de gato. Tenía la sensación de haberme alejado de la raza felina y haberme acercado inesperadamente a la familia humana”.

Pero también tendrá delirios de grandeza, ambiciones de regresar a “la época dorada de los gatos”, a un pasado perdido e irrecuperable. Este discurso denota un rasgo fundamental que la novela no pasa por alto: el sentimiento generalizado que produjo la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 y 1905, sentimiento que habría de gestar un creciente nacionalismo en el pueblo japonés a lo largo de toda la primera mitad del siglo XX.

“Los dioses de la mitología eran venerados como omniscientes y omnipotentes. El Dios de los cristianos tiene, también hoy en día, esas prerrogativas. Sin embargo, hay hombres ignorantes que creen que, en ciertas circunstancias, la omnisciencia y la omnipotencia pueden interpretarse como ignorancia e impotencia. Aquí hay una evidente paradoja. Yo creo que quien primero ha explicado esta paradoja, desde que fueran creados el cielo y la tierra, soy yo. Y por eso, aunque gato, me siento legítimamente orgulloso de no ser felino del todo y me veo obligado a demostrar a los hombres arrogantes que la raza gatuna no merece tantos desprecios”.

Esta voluminosa novela se encuentra plagada de este tipo de perlas, escondidas entre los más cotidianos diálogos y las más divertidas situaciones, una mirada felina a través de la cual Sōseki Natsume ha sabido comprender la sociedad de su época, expresarla de la forma más novedosa, y que funcionó, finalmente, como momento pivotal para toda la literatura japonesa del siglo XX y aún hoy, para la del siglo XXI.

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