Kawanabe, de María Claudia Otsubo

Sobre Kawanabe, de María Claudia Otsubo

Viajar a la otra punta del mundo. Entender, de a poco, los gestos ajenos, las miradas esquivas, la melodía de las voces. El lenguaje queda de lado, para que todo lo otro emerja, y una mujer pueda buscar, casi a tientas, recuerdos de su padre.

En Kawanabe (Buenos Aires: Series O, 2012), la protagonista, Susan, recorre un camino hacia el pasado. Para ello, recibe inesperadas ayudas, en un universo desconocido que oscila entre la cosmopolita Tokio y los modos campesinos del pueblo que le da nombre a la novela. Un anciano que revela una historia; un joven que indica una dirección; una obachan[1] sabia que enseña la paciencia al beber té. Cada personaje, como una señal del recorrido, acompaña a Susan en la exploración de su propio pasado, en la búsqueda, ya no de su padre, sino de su padre-antes-de-serlo: un joven bello, que debe abandonar sueños y amores para pelear en una guerra lejana.

Otra pista guía a Susan: una carta, para ella hermética, escrita en armónicos caracteres de otros tiempos. El lenguaje paterno y ajeno parece despertar, acaso, un dejo de tristeza por no saber, en esa hija que lleva un apellido japonés combinado con un rostro casi gaijin[2]: en el aeropuerto, Susan “supo que su origen se develaba en esa pequeña libreta que entregaba en el mostrador; el origen se clarificaba en esa primera enunciación anónima”. El desconcierto de quien le pide el pasaporte le revela algo sobre sí misma: su propio nombre, que hasta entonces no había podido comprender.

Esta obra no puede ser ajena para aquellos que, como la propia autora, son hijos de la inmigración y, con ella, de las mezclas más inesperadas. Pero también trasciende a ese público, tal vez evidente, para retratar a través de esa historia particular, otras miles, de viajes, de intentos por encontrar espejos lejanos en las vidas pasadas. Novela de aprendizaje, de búsqueda y de reflexión sobre la propia identidad, Kawanabe se despliega entre silencios que narran el destino de los hombres. Y Susan entiende, por fin, un pedazo de la vida de ese adolescente que después de la guerra cruzó el mundo, sólo para que su hija, mucho después, regresara.

Paula Hoyos Hattori


[1] Abuela.

[2] Extranjero.

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